Religión, como preocupación última,
es la sustancia que confiere significado a la cultura, y
esta es la totalidad de las formas en que se expresa la
preocupación fundamental que constituye la religión.
En resumen: la religión es el contenido de la cultura,
y la cultura es la forma de la religión. Esta consideración
previene definitivamente el establecimiento de un dualismo
entre religión y cultura. Todo acto religioso, no
solo en la religón organizada, sino aun en el más
íntimo movimiento del alma, se forma culturalmente.
El hecho de que todo acto de la vida espiritual del hombre
se transmita por el lenguaje, oral o gráfico, es
prueba suficiente de esa aseveración. El lenguaje
es la creación cultural básica. Por otra parte,
no hay creación cultural sin que se exprese con ella
una preocupación última. Esto es verdadero,
no solo en cuanto a las funciones teóricas de la
vida espiritual del hombre, por ejemplo, la intuición
artística y la captación cognitiva de la realidad,
sino también en orden a las funciones prácticas
de la vida espiritual, por ejemplo, la transformación
personal y social de la realidad. En cada una de esas funciones
de la creatividad cultural del hombre palpita una preocupación
última. Su expresión inmediata es el estilo
de una cultura. Quien pueda interpretar el estilo de una
cultura, podrá descubrir su preocupación última,
su contenido religioso.